martes, 16 de abril de 2013

Comprar música en Rumanía: mi historia

Comprar música en Rumanía se convirtió en una obsesión para mí. A mi llegada a Cluj-Napoca y ver el considerable tamaño de la ciudad supuse, erróneamente, que encontraría no una sino varias tiendas donde comprar los trabajos de artistas locales con poca difusión internacional. Al fin y al cabo, los discos de Fanfare Ciocârlia, Taraf de Haidouks y compañía podía conseguirlos hasta en el Corte Inglés de al lado de mi casa. Además imaginaba, esta vez acertadamente, que estos grupos más populares en la Europa occidental eran producciones de grandes sellos internacionales que, probablemente, tendrían poca difusión en su propio país.

La primera parte de mi búsqueda empezó desde España, antes del viaje. Comencé a informarme seriamente sobre la música popular y tradicional de Rumanía, pero sólo encontraba pequeñas entradas en la Wikipedia en inglés. Descubrí algunos artistas interesantes en YouTube, pero aquello no dejaban de ser cantantes puntuales, desconocía todo sobre ellos, su difusión en el país, su fama... Había recolectado una gran cantidad de datos, pero muy generales y un tanto desorganizados. También me dediqué en vano a buscar en Google Maps puntos de venta. Cuando la fecha de partida se acercaba, desistí y me resigné al hecho de que tendría que enfrentarme a toda esa locura sobre el terreno, preguntando al paisanaje. Mi primer día allí, en el que realicé un largo paseo por todo el centro de la ciudad, sólo hizo que me acojonara aún más: nadie sabía nada, y en una tienda de instrumentos tampoco supieron decirme nada al respecto, pero me sugirieron que me acercara a los grandes centros comerciales de las afueras. Y fue allí donde encontré el único disco que pude comprar antes de comenzar una larga excursión por Transilvania: una extraña cadena de componentes electrónicos donde vendían, por 1.90 lei (aproximadamente 0.40€),  un CD nuevo pero un tanto machacado de Mihaela Crâciun Vasiliu. Al menos ya no me iba con las manos vacías, pero pensaba que mi odisea, salvo algún descubrimiento aislado este estilo, se iba a quedar ahí.

Todo cambió ese mismo día, en uno de mis paseos matutinos por Cluj. Entré en lo que resultó ser un típico bar de viejos. Pedí un café y me senté en una mesa a pensar lo desilusionante que iba a ser el viaje desde el punto de vista musical. Todo parecido con Gadjo dilo iba a ser accidental. En ese momento, el señor que atendía el bar, que acababa de meterse entre pecho y espalda un cocido de alubias, se sirvió un café, se acercó a una vieja y polvorienta cadena de música y pulsó el botón play. Empezó a sonar una música maravillosa, tradicional, con violines y una voz femenina. Tras varios intentos, conseguí que me dijera el nombre de la artista: Ana Ilca Mureşan. Le propuse que me enseñara más música de la que tenía por allí y poco a poco fuimos haciéndonos amigos. Aquel tabernero tenía de todo, desde el folklore más tradicional a el techno más rabioso, de ese que se te clava en los tímpanos. Le pregunté si me podía escribir el nombre de los artistas que íbamos escuchando, pero se hacía el longuis y me volvía a repetir el nombre del músico. Yo creo que no veía un carajo y no tenía las gafas o le faltaban las ganas de buscarlas después del potaje. El último que me puso resultó ser justo lo que andaba buscando. Le pregunté el nombre del creador de tan gloriosa melodía y me dijo que era un tal Sandu Ciorba. Le volví a repetir que me lo escribiera y, de nuevo esquivando mi petición, me contestó que Ciorba era conocido en todo el mundo mundial, que no tendría problemas para encontrarlo. Le pregunté, pues, dónde podía comprar estas músicas y fue bien claro: en gasolineras. Esta conversación, aclaro, se desarrolló en rumano por su parte y en español pseudoitalianizado por la mía. Realmente no sé cómo pudimos entendernos, pero lo conseguimos.


Durante la excursión por Transilvania, compré varias cosas en las gasolineras tuve ocasión de preguntar en distintas oficinas de turismo dónde podía tiendas especializadas. En Târgu Mureş, por ejemplo, encontré una tienda dedicada exclusivamente a la música rumana. En Braşov, en la calle comercial principal, también existe una tienda de discos pero con poca música local. Una vez aclarados los puntos de venta, me di cuenta de que la música popular rumana vive al día. Suelen exponerse para la venta los álbumes de un par de años atrás, pero nunca vi nada publicado antes de 2008, salvo algunos vinilos en la tienda de Braşov. Tal vez con un poco de suerte podéis encontrar algún mercadillo donde comprar música viejuna. También os advierto de que no pisé Bucarest, la capital y ciudad más grande con diferencia, donde sé a ciencia cierta que hay varios puntos de venta de música.

Para finalizar, os dejo una foto de toda la música que compré allí. Me gasté el equivalente a 49 euros, lo cual puede parecer mucho en principio, pero si pensamos que con ese dinero en España sólo podemos adquirir dos o, a lo sumo, tres discos, creo que no hice tan mala inversión.

Al final conseguí mi objetivo... ¡Vaya si compré!
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1 comentario:

Camila dijo...

Como estoy planificando un viaje a Rumania proximamente, estoy buscando en internet muchos datos de este pais y por eso trato de saber todo lo importante de este. Desde hace rato tengo ganas de hacer otro tipo de viaje y por eso estaba viendo poder viajar a nueva york a un gran precio